(Autores: Anay Remón y Erick González)
La convulsión característica de los años noventa en nuestro país marcó inevitablemente gran parte de los discursos de todas las manifestaciones artísticas. En ellos se concedió un amplio espacio para polemizar acerca de los modos en que los cubanos –tanto a nivel colectivo como individual– afrontaban la repentina crisis que azotó al país. La obra de un extenso sector de los músicos cubanos consagrados al rock no fue una excepción en este sentido. Entre los motivos temáticos anclados en lo social, que con mayor recurrencia fueron tratados por nuestras bandas, aparecen: la prostitución, la
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Después de tanto transitar por la vida, aún se mantienen intactas las preguntas de los hombres. El mundo ha caminado mucho ya, y la Historia ha cubierto con su tupida alfombra grandes porciones. Pero aún diríase que seguimos en el mismo punto. Las respuestas, las reales, las respuestas metafísicas siguen sin aparecer. Cualquiera podría flaquear en la certeza de su existencia verdadera. De hecho, son muchos los que ya se han convencido: Nietzsche llegó a saber que las grandes preguntas son indescifrables, a lo que Rilke se sumó con aquel hermoso poema cuyo primer verso reza: Me 
Cuba, 1962. Un caprichoso, casi surreal pueblo de campo de alguna indeterminable provincia del país. Nunca un Macondo o un Comala, ni siquiera un Condado a lo Norberto Fuentes: hay que guardar las distancias necesarias, porque las jerarquías, en ocasiones, no las hace uno, sino que ya vienen hechas. Pero sí; es un pueblo en el que la rareza y la extravagancia son endémicas; se palpan, se viven a diario, brotan por los poros de la tierra.
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